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En el Hermano Pedro todo era entusiasmo y constante alegría.
Alegría por ser hijo de Dios, alegría por servir a todos; y
alegría también en la hora del dolor y del sufrimiento.
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En las horas más desconsoladas no se olvidaba de su pandereta
y daba ejemplo de un singular abandono en las divinas manos,
cantando sus angustias con gran alegría. Es verdad que su
cuerpo estaba en la tierra compartiendo con las personas,
mientras su alma estaba en el cielo en la compañía de Dios.
Pandereta
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Si era para rezar; rezaba extasiado horas enteras delante del
Santísimo Sacramento; estaba todo entregado en la adoración a
Jesús Eucarístico.
Si era para llamar a la conciencia a los habitantes de la
ciudad por su mal proceder, repicaba incesantemente su
campanita rogando que no se ofendiera a Dios, sin importarle
el lugar ni las circunstancias.
A la hora de la penitencia, era riguroso contra sí mismo. A la
hora de impartir las primeras letras y la doctrina cristiana,
era paciente y bondadoso con los niños y niñas que asistían a
la instrucción educativa y religiosa en su improvisada
escuelita.
De sus virtudes, la que más sobresalió fue la Caridad.
Siempre estaba dispuesto para ayudar a los pobres, no había
hora, dificultad ni obstáculo para atender a los desamparados.
Recorría diariamente las calles de Santiago de los Caballeros,
actualmente La Antigua Guatemala, con tres “compañeros”
inseparables: Bastón, campanita y sombrero. El bastón le
ayudaba a caminar, la campanita para llamar la atención, y el
sombrero para recaudar las ayudas para los pobres y enfermos.
Esas pertenencias, así como su pandereta, se encuentran
resguardadas en el Museo del Santo Hermano Pedro.
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Bastón
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Campanita
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Sombrero
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¿Cómo
vivió la virtud de la Fe?
Haciendo todas sus obras de acuerdo a la voluntad de Dios.
Nunca hizo su voluntad, sino la de su Majestad Divina, pues es
imposible agradar a Dios sin fe. Por su poderosa fe
es que obró tantos milagros, pues la fe mueve montañas.
El hombre se ejercita en tres cosas: conocimiento, creencia
firme y confesión, en todo esto fue insigne la fe del
Hermano Pedro; conoció admirablemente los dogmas. Creyó y
vivió el Credo. Tuvo perfecto entendimiento de los misterios.
Defendió con su sangre la Inmaculada Concepción. Siempre tenia
fijada su creencia en las determinaciones de la iglesia, a tal
punto que dijo al morir: "más yo diré lo que sé y es que
creo fiel y firmemente todos los misterios de la santa fe en
el modo y forma que los propone, para que sean creídos, la
Santa Madre Iglesia Católica Romana dirigida por el Espíritu
Santo. De igual modo creo todo aquello que puede ser materia
de fe"
¿Cómo vivió
la virtud de la Esperanza?
Verdad es que la fe y la caridad son en la
práctica compañeras inseparables de la esperanza,
porque sólo puede esperarse lo que se cree y lo que se ama.
Todo el anhelo del Hermano Pedro era la posesión del mismo
Dios en el tiempo futuro, de su gloria y de la
bienaventuranza; esto era todo su anhelo y por esto mismo
respiraba ansioso. Solía decir con mucha frecuencia, que
aunque era gran pecador, tenía gran esperanza de ver a Dios
eternamente en su gloria porque esperaba el auxilio de la
Divina Misericordia.
En la observancia de los mandamientos de Dios y la Iglesia,
que son el medio fijo de conseguir la gloria, fue
puntualísimo, perseverante y extremado; ejecutando aún lo que
en el evangelio es sólo de consejo. En su última enfermedad
repetía muchas veces esta expresión "¡Quien pudiera ver a
Dios!". Cuando supo que su enfermedad era irremediable,
exclamó en festivas voces: "Alegría, que iremos a ver Dios".
Los bienhechores de la recordada ciudad de Santiago de los
Caballeros que costeaban piadosos la asistencia a los
enfermos, quisieron imponer renta fija para que así se
perpetuase seguro el alivio de los pobres; pero el Hermano
Pedro no quiso admitir estas rentas, porque quiso mejor
esperar en las providencias divinas. Había recibido ya algunas
cantidades, pero advirtiendo después que el admitir estas
seguridades humanas era menoscabo de la confianza de las
asistencias de Dios, las devolvió todas a sus dueños.
Cuando construía su hospital, le decían que de dónde lo iba a
hacer, a lo que Él respondía: "¿Eso que les importa, ni
menos a mí, cuando la obra no corre de su cuenta ni de la mía
y sólo está al cuidado de Dios?"
¿Cómo
vivió la virtud de la Caridad?
Es la virtud en la que más sobresalió, ya que en Él se vio
claro que fue pacífico y benigno, sin emulación, sin nota de
malicia, sin soberbia, sin interés propio, sin irritación,
triste en los males ajenos y gozoso de la verdad.
Un bienhechor de Él le dijo en ocasión que tenía hospedados en
su hospital gran multitud de forasteros ¿que porqué daba
albergue en su casa a aquellos vagabundos?; oyendo el Hermano
Pedro palabras tan injuriosas a la caridad respondió vertiendo
tiernas lágrimas: "Hermano, yo soy el vagabundo, y estos
son pobres de Jesucristo" y decía que era preciso
servirles con gran cuidado y con mucho respeto, porque sabía
quien se ocultaba debajo de su propia ropa. Esto era porque
miraba en los pobres al mismo Jesucristo.
Y así, su caridad llegó a los moribundos, fallecidos, las
almas del purgatorio y hasta los animales.
¿Cómo
vivió la virtud de la Prudencia?
La prudencia que ejercitó reluce en todas sus acciones
como signos característicos de inteligencia profunda, maduro
examen, atención prudente, elección fácil, juicio recto y
determinación acertada.
Toda su vida fue un ejemplo de prudentes decisiones, pero su
más singular y expresa práctica se manifiesta en el siguiente
suceso: Hallándose en gran necesidad de dinero para pagar en
la construcción de su hospital de convalecientes, decidió
recurrir a un bienhechor suyo para que le socorriese. Se
encaminó a la casa de aquel buen hombre y hallándole muy
enfadado por algunos disgustos, le saludó dándole los buenos
días pero se salió a la calle sin presentarle su necesidad,
porque no le pareció oportuno pedir limosna a un hombre
encolerizado, quien tendría alejada su devoción. Pero, por
eso, no dejó de lograr su propósito, pues acordándose aquel
bienhechor de una promesa que le había hecho para una obra
piadosa, olvidó el enojo y haciendo llamar al Hermano Pedro,
le entregó la cantidad de dinero que había prometido; y era
cuanto el Hermano Pedro necesitaba para salir de su ahogo.
¿Cómo
vivió la virtud de la Justicia?
San Ambrosio decía que todas las demás virtudes están
estrechamente enlazadas con la justicia, y es por eso
que la práctica de todas las virtudes tiene el nombre de
justicia; y a lo que hoy llamamos santos, en el antiguo
testamento se llamaban justos.
Al santo impulso de la justicia debe el hombre la rectitud de
las operaciones, no sólo en orden a sí mismo, sino también en
orden al prójimo. En cierta ocasión le dieron al Hermano Pedro
un caballo, para que sirviese en la obra del hospital de
convalecientes, aunque tan flaco y extenuado que fue preciso
ponerlo en un potrero para que con suficiente hierba y descanso cobrase fuerzas para poder servir a los pobres.
Ya bien recuperado el caballo, se presentó un hombre diciendo
que era suyo e intentaba llevárselo. No estaba en casa en esta
ocasión el Hermano Pedro, pero un pobre que ahí se encontraba
realizando algunas tareas, se lo impidió. Por esta oposición
los dos intercambiaron muchas palabras y casi llegaron a
pelearse; a este punto, llegó el Hermano Pedro y habiendo oído
la pretensión de aquel hombre de llevarse el caballo, le
pacificó, y sin indagar algo más le dijo que si sabía que era
suyo el caballo se lo llevase en buena hora, y que no por eso
se habría de quebrantar la paz.
¿Cómo
vivió la virtud de la Fortaleza?
La virtud de la fortaleza, que tiene por objeto
soportar los males e incomodidades propias, fue también
señalada por el Hermano Pedro porque en emprenderlos y
sufrirlos, que es todo el ejercicio de esta virtud, fueron sus
empleos singulares.
Un día al entrar el Hermano Pedro en la Iglesia de San
Francisco El Grande, se estaban quemando unos fuegos
artificiales. Casualmente uno de éstos le cayó y se introdujo
dentro del sombrero que llevaba tomado con el brazo por debajo
del pecho; y no obstante haberle explotado causando el estrago
que hace naturalmente una bomba, no se notó en Él la menor
alteración de este infortunio; pero del gran dolor que sentía
exclamó: "Antes que venga la muerte, reciba yo este alivio,
que del dolor de mis culpas, mi corazón sea partido".
Y así sufría y soportaba con fortaleza los golpes que le dio
un insensato, las bofetadas e insultos que recibía en la calle
cuando llamaba a la conciencia a los habitantes de la ciudad
por su mal proceder.
¿Cómo
vivió la virtud de la Templanza?
La templanza, que es la moderación de los apetitos
carnales, en el Hermano Pedro se vio muy clara pues casi no
comía nada condimentado, sólo hierbas amargas y si le daban
algo con sabor Él mismo le agregaba agua o demasiado chile, y
así mortificaba el gusto.
En castidad fue portador de una total integridad, porque su
proceder parecía el de un puro espíritu. De la pureza de su
alma era cierto indicante la modestia de su aspecto, que a su
vista se asombraban todos, sin que en presencia suya intentase
persona alguna decir palabra o ejecutar acción en temas de
castidad descomedida.
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Muchas veces nos preguntamos: ¿Cómo amar a Dios? La respuesta
del Hermano Pedro era sencilla y humilde, como sencillo y
humilde era él: ¡Hagamos las obras de Dios llenos de amor,
llenos de entusiasmo!
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En el Templo de San Francisco, Santuario del Santo hermano
Pedro, se encuentra el Sepulcro en el que descansan los santos
restos del Hermano Pedro. Detrás de dicho Sepulcro, es decir,
al fondo de la antigua Capilla de la Vera Cruz, se colocó un
Vitral en el que se observan dos representaciones que
expresan:
El encuentro del Hermano Pedro con el Señor; y,
La expiración del Hermano Pedro
"ALABAD
A DIOS POR TODO Y DADLE GRACIAS, QUE PARA
MORIR NACIMOS. ÉL SALVE NUESTRAS
ALMAS. AMÉN"
El texto
en la
parte inferior de este Vitral corresponde a una de las
oraciones que realizaba el Santo Hermano Pedro.
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